Mostrando las entradas con la etiqueta traumatología. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta traumatología. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de noviembre de 2018

INTRODUCCIÓN A LA TRAUMATOLOGÍA EN EL ÁMBITO ENFERMERO


Podemos definir la traumatología como la especialidad médica que se dedica al estudio de las enfermedades del aparato locomotor. Se encarga por tanto de las lesiones que afectan a los huesos (fracturas), ligamentos y articulaciones (esguinces, luxaciones) y músculos y tendones (roturas fibrilares, contusiones, tendinitis). También encontramos dentro de este campo enfermedades de tipo autoinmune como puede ser la artritis, o degenerativas asociadas a la edad como la artrosis. Los cuidados de Enfermería dependerán esencialmente del tipo de lesión traumatológica a la que nos enfrentemos. En muchas ocasiones la labor de Enfermería se basa en la administración del tratamiento farmacológico prescrito por el médico (por ejemplo en enfermedades como la artritis) para el control del dolor. Se deben conocer por ello técnicas fisioterapéuticas y saber aplicarlas dependiendo de las características de nuestro paciente. En otros casos, como fracturas (unas de las lesiones traumatógicas más frecuentes), se deben conocer técnicas específicas como tracción e inmovilización.

La tracción es la aplicación de una fuerza longitudinal, que alinea y estabiliza el foco de una fractura en caso de existir. Puede ser un procedimiento provisional o definitivo. Con ella se pretende recuperar la longitud y la alineación del hueso normal, reducir e inmovilizar la fractura, eliminar el espasmo muscular y por supuesto minimizar el dolor. Tenemos varios tipos de tracción: tracción manual, en la que la fuerza es aplicada de forma manual (por ejemplo la tracción cervical o la tracción en la fractura de Colles -fractura de la epífisis del radio-); tracción cutánea, que es aquella en la que la fuerza longitudinal será aplicada mediante sujeción cutánea con tira adhesiva, vendaje y aplicación de un peso (se usa por ejemplo en la fractura de cadera); y tracción transesquelética, que es aquella que se aplica directamente al esqueleto mediante clavos de Steinmann o agujas de Kirschner. A estos clavos o agujas se les cargaría un peso mediante cuerdas y poleas, consiguiendo así la tracción oportuna.

En traumatología muchas veces se deben realizar inmovilizaciones específicas dependiendo de la parte del cuerpo afectada. Así tenemos inmovilizaciones de extremidades (férulas), inmovilizaciones para columnas o traslados (camilla de tijeras o de cuchara), inmovilizaciones de la columna cervical (collarín cervical) etc. Estos tratamientos, cuya aplicación y mantenimiento son responsabilidad enfermera, son denominados tratamientos conservadores. Pero al margen de ellos existen también tratamientos quirúrgicos, empleados siempre como último recurso ante una situación especialmente grave. Un ejemplo de tratamiento quirúrgico sería la implantación de injertos óseos o las agujas de Kirschner antes mencionadas.

CONTUSIONES: QUÉ SON, TIPOS Y PREVENCIÓN

Uno de los tipos de lesión traumatológica más frecuente son las contusiones. Denominamos contusión a un tipo de lesión física no penetrante sobre un cuerpo causada por la acción de objetos duros, de superficie obtusa o roma. Los efectos del golpe varían enormemente según la fuerza, energía y características el objeto que causa la lesión. Los síntomas clásicos que permiten reconocer una contusión son el dolor, edema en ocasiones, y la falta de funcionalidad de la zona afectada. Si la contusión es leve, la persona generalmente puede continuar con sus actividades y el dolor aparece tardíamente. La contusión siempre es una lesión cerrada que no afecta a la piel, y por tanto no es susceptible de infección o contaminación externa, pero sí que los órganos pueden cambiar de color por efecto de la sangre derramada, formando hematomas y equimosis. Por tanto no debemos infravalorar las posibles complicaciones que pueda tener un paciente que ha sufrido una contusión, ya que es posible que se dañen músculos, tendones e incluso órganos internos. La complicación más grave que Enfermería debe vigilar es la hemorragia interna.


Dependiendo de la intensidad del impacto se pueden clasificar las contusiones en mínimas, leves o de primer grado, moderadas o de segundo grado y graves o de tercer grado. El tratamiento aplicado por el personal enfermero dependerá de la clasificación de la contusión en cuestión. Las primeras no necesitan tratamiento, únicamente se rompen pequeños capilares que provocan el enrojecimiento de la zona, llamado eritema, que desaparece en pocos minutos. No son muy dolorosas. Las segundas provocan la rotura de capilares y algunos vasos sanguíneos locales y superficiales, apareciendo la piel de un color violáceo. Son más dolorosas. Las terceras afectan a vasos mayores que al romperse provocan un acúmulo de líquidos en la zona, causando hematoma, dolor e hinchazón. Las cuartas lesionan los vasos de forma que la sangre deja de irrigar la zona y se produce necrosis del tejido. En este caso la zona aparecerá fría, inflamada y dura. Suelen aparecer fracturas y daños en órganos internos.

Contusión típica dónde podemos observar el color violáceo de la zona dañada.

Las personas más propensas a sufrir contusiones son los niños pequeños (debido a que suelen sufrir caídas) y los deportistas debido a los movimientos bruscos que efectúan en muchas ocasiones. Podemos sufrir una contusión en cualquier parte de nuestro cuerpo, pero también existen zonas más propensas a ello. En primer lugar, la cabeza (especialmente en niños), aunque la mayoría de las veces es una contusión leve que únicamente deja un chichón que desaparece al cabo de uno cuantos días. En segundo lugar, las rodillas, debido a que son articulaciones prominentes, poco protegidas y muy vulnerables en caso de caída hacia delante. Son igualmente predominantes en niños y también en ancianos y bastante molestas debido a que las rodillas son esenciales para todos los movimientos de desplazamiento. El tercer sitio más frecuente serían las manos, pues en una caída frontal nuestro acto reflejo es apoyar las manos para proteger la cara del golpe. Actúan por tanto como amortiguadores pero no suelen ser graves ya que la piel de las palmas de las manos están preparada para resistir este tipo de golpes.